HASTA LAS NARICES!!!

June 8, 2005

Un cuento corto

Filed under: Sin toga

Lo recuerdo todo como si fuera ayer. A veces a mi mente saltan recuerdos sin venir a cuento, y muchas veces me pregunto por qué. No tengo las repuestas por desgracia. Pero siempre en los ratos de asueto, tras una dura jornada de trabajo, a veces me salta este recuerdo. Tal vez quiera que el destino me haga recordar lo que una vez fue mi amigo del alma, de cómo subió a la cima del éxito y como acabó estrellado de nuevo en la más profunda de las miserias; y que el destino lo escribimos nosotros por nuestras decisiones, no por los augures. Decisiones que tomamos teniendo pleno conocimiento de lo que nos rodea, escudriñando en las gateras, hasta dar con la verdad desnuda. Por eso, nunca he creído en el destino, más bien en el poder de la información, y aunque suene a tautología, encierra las verdades ciertas, besos como cuchillos, que irremediablemente marcan el devenir de las cosas.

Una conclusión siniestra, arraigada en la diferencia entre el conocer de primera mano e ignorar. Así era el trabajo cotidiano de Daniel, un simple y contumaz broker de un barrio lujoso de esas grandes ciudades, de origen arrabalero, donde el asfalto de devora cual animal hambriento. Durante muchos años había acumulado un poder casi omnímodo, a base de fusiones, stock options, bienes raíces… y cualquier cosa que pudiera ser comprada a precio irrisorio y vender por 20 veces su valor a cualquier primo que pasara por su lado.

Así había logrado amasar una de las fortunas más grandes que nadie recuerda haber conocido. Su principal defecto era él mismo. Uno a veces se pregunta, como se puede amansar tanto poder y rodearse de tanto lujo, y sin embargo, convertirse en un ser, que como los reyes de al antigüedad, necesitaban de brujos, astrólogos y otra gente del mundo “freak”, que día si y día también, aparecen en el chucheé del kiosquero de la esquina, para deleite de la plebe, pero que en si mismos, son simples caricaturas de un esperpento valleinclaniano. Pobre Máximo Estrella, deberá estar revolviéndose en su tumba.

Más que una persona, se había convertido en la sombra de lo que fue, en un esperpento de sí mismo, en donde el poder del dinero era la moneda de cambio, donde por un buen óbolo obtienes gracias y parabienes de aquellos que solo son meros charlatanes en potencia. ¡Que lástima! Recuerdo al última vez, que acudí a una de sus fiestas. Lujo por doquier, abundaba en aquella sala. Si accedí a ir fue porque aquella noche quiso que asistiera para potenciar por entonces mi pobre despacho. “Míralo como una fiesta de negocios, colega. Aquí tienes oportunidades tremendas para logar algo único: clientes de los buenos… de los que te dejan pasta gansa y que con cuatro malabares, te haces con ellos.” Aquellas palabras no me tranquilizaron ni lo más mínimo, pues a resultas de ello, muchos de aquellos invitados conocía ya de sus vergüenzas y sus impudicias.

Al llegar aquel lugar, no me dejó sino un hálito de malos vientos. Casi todos los invitados eran del mundo de la farándula y la pandereta. Artistas que no son ni eso, viejas glorias que viven del nombre y de lo que fueron y que para vivir necesitan alimentar ese nombre con escándalos, abogados de dudosa reputación, de los cuales ya me habían contad, las operaciones siniestras, en las cuales se andaban metidos hasta el corvejón… Era todo un cadeloscopio acrisolado de todos los vicios de la corte.

En aquella pseudo pantomima de la humanidad, había dos “teleadivinos”, cuyo único mérito era haber tenido una noche de sexo salvaje con una conocida actriz, ligera de casos y poca madera interpretativa; pues la crítica había puesto a caer de un burro su último vodevil; pues no se puede vivir siempre de una buna y diez malas, pues el público incluso para estas cosa hasta es más inteligente. A raíz de tal relación y después de unos cuantas apariciones televisivas, con lanzamiento de todo tipo de improperios, y tras el éxito en dos cadenas locales de sus programas de adivinación; aquellos embaucadores de la ilusión, iban a todo sarao que se les garantizara una suculenta cantidad de cuartos, con la simple intención de que armaran algún numerito, que al día siguiente, era comentario de las infumables “tertulias de color rosa”. Así, cualquiera es adivino.

Tras unas horas en las que pude intercambiar impresiones con ciertos invitados más solventes, que por suerte no todo era malo —menos mal, que a veces uno tiene aciertos— comenzó el show de estos imberbes, que entre gracietas por aquí y allá, leían el futuro y destino de todo aquel que quisiera.

Daniel, como anfitrión, no quiso perdérselo. Y fue unos de aquellos que, quizá fruto de las copas o fruto de querer darse más importancia de la debida, quiso participar en tal espectáculo. Uno de esos mequetrefes, tras deducir cosas de su pasado, obvias por cierto, le contó algo sobre una determinada operación en las cuales, yo conocía su existencia, dándole una serie de consejos, los cuales yo, nunca se los daría. Pensé que la cosa no pasaría de la mera gracia. Me equivoqué.

Al día siguiente, vino Daniel a mi despacho. Me comentó ciertas cosas que a mi me dejaron perplejo. Parecía que en su cerebro le había trastocado las ideas que aquel “farsante”. Le supliqué una y mil veces que no hiciera caso, que lo mejor era que se enterase bien del asunto. Que la buena información es lo que hace que las cosas vallan a buen puerto y que aquella operación, entrañaba mucho riesgo; pues de salir mal, se vería implicado en un buen lío.

Quizá la culpa fue mía. No sé si no le supe explicárselo bien, no sé si en el fondo fracasé aquella ocasión. ¿o tal vez era porque quería ver de nuevo a aquella persona que en mis tiempos de universitario conocí? Celos seguro que no fueron. Si algo me enseñaron en la escuela de negocios, fue que todo se consigue con la información., el trabajo y el tesón. De poco me sirvió advertirle. De hecho, aquel dicho de que “no se puede mirar más arriba de donde están tus ojos” fue siempre mi guía. ¿Por qué las personas con dinero cambian tanto? ¿Qué hace el poder que las vuelve tan vulnerables? El destino es algo que hacemos nosotros día a día, gracias a lo que sabemos, gracias a al información, pero nuestro destino no sale de una bola de cristal.

Al poco tiempo, Daniel se vio envuelto en un escándalo de graves consecuencias. Juicios, abogados y los efectos aquel escándalo, habían mancillado su fortuna y su buena fama. Ahora se arrastraba de nuevo por los arrabales de donde salió aquel nuevo rico sin saber, que llegar a al cumbre es difícil, pero perderla es más fácil de lo que uno se piensa. ¿Quién se benefició? ¿No lo adivinan?

Recuero esto como si fuera ayer. Y de eso ha pasado mucho tiempo. Pero siempre, me ha servido para tener clara una cosa: nunca he creído en el destino, más bien en el poder de la información. El saber es poder. El poder es el Saber. Eso lo decían los sabios, y de esta lección aprendí que sanadores, brujos y otra escoria, solo son eso… charlatanes en un mercado de ilusiones que son eso… pura ilusión.

Cada uno decide su destino en función de lo que conoce y de las decisiones que toma, en base a la información que dispone. Eso es lo que hace hombre al hombre, sus decisiones, no su futuro en una bola de cristal. Es una pregunta que me hago constantemente ¿Qué es lo que hace hombre al hombre? Una pregunta que muchas veces me pregunto si la respuesta es correcta, o simplemente, fruto de mis envidias y rencores. El tiempo da y quita razones pero no siempre.

5 Comments »

The URI to TrackBack this entry is: http://hastalasnarices.blogsome.com/2005/06/08/nunca-he-creido-en-el-destino-mas-bien-en-el-poder-de-la-informacion/trackback/

  1. Ja ja ja…. tú no te quedas tranquilo, cambiando de alojamiento cada 2 por 3!!!!
    Besitos ;o)

    Comment by caramelo — June 9, 2005 @ 6:31 am

  2. Tremenda historia, pero desgraciadamente es una historia que se repite mucho. Yo creo que el destino lo vamos creando nosotros con nuestras decisiones.

    Un besito

    Comment by Lian — June 9, 2005 @ 6:37 am

  3. Me encanta !!
    ¿Seguro que es un cuento? Porque si me dices que pasó de verdad, me lo creo !!

    Comment by flatline — June 9, 2005 @ 1:39 pm

  4. testcomment522

    Comment by testanchor425 — October 16, 2005 @ 1:26 am

  5. rivers dusts invalid dispense ventilation irrevocable contributorily maintenances

    Comment by Anonymous — May 8, 2006 @ 8:33 pm

RSS feed for comments on this post.

Leave a comment

Line and paragraph breaks automatic, e-mail address never displayed, HTML allowed: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>


Get free blog up and running in minutes with Blogsome | Theme designs available here