HASTA LAS NARICES!!!

August 31, 2005

Un madrileño en Carboneras (segunda parte)

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Mirando atrás en el tiempo, ahora que he tenido que volver a la rutina diaria de cada día, se me viene a la memoria los recuerdos de aquellos días donde el estrés se quedó por 14 días aparcado por unos momentos y pude al menos, desconectar de los problemas de la soledad. Ni que decir tiene que en la memoria se me viene a la cabeza aquellas danzas de multitud de peces de colores donde por unos instantes la ingravidez del peso del agua, hacía como si en el espacio exterior estuvieses.

Por un día, quise sentirme “marenauta”. Una especie de comandante Cousteau, a bordo de un Calypso semirígido, con dirección a lo desconocido. No fue “Antoñito Padi” quien me llevara a descubrir la ultima frontera, cual comandante Spock, sino su cuñado… que llevaba más peligro que una caja de bombas. Claro que dentro del agua… bromas, las justitas, pues a cierta profundidad hay riesgos que fácilmente pueden escapar de tu control, con lo que… en cierto modo, después descubriría lo que puede llegar a ocurrir si eso no se controla en todo momento.

Desde luego, lo que en el fondo había era como entrar en otra galaxia. El movimiento de las Posidonias al compás de la marea, los bancos de peces de todas las formas y colores y algunos bancos, en formación de avance en “v”, en imitación a los pájaros, las estrellas de mar… era una armonía en perfecta sincronía con un silencio sepulcral en donde solo el sonido de tu respiración parece que rompe el compás del movimiento.

Aquel descenso, fue la piedra angular que hizo comenzar mi trasformación personal. Aquella contemplación de la belleza era tan solo, el inicio de lo que vendría después. Aquella noche, sopesé la posibilidad de obtener el título OWD de buceo recreativo. En cierto modo, tanto Calandraka, Aquila Bacus y sobre todo, La Sombra; ya me tenían a punto de nieve para dar el saltito definitivo, y es que las mañanas solitarias querían en cierta forma que dieran paso a descubrir un nuevo mundo. En cierta forma, comenzaba a sentirme como un explorador que siente curiosidad por un mundo completamente desconocido y que hasta la fecha solo lo veía por los documentales B.B.C. de la Caja Tonta de Fungairiño.

Y el sábado… Apareció Marta. Marta era una lozana muchacha andaluza de pelo azabache, ojos oscuros y mirada penetrante; que te disecciona como a un pescado en una lonja, listo para transporte. Su voz, dulce; pero con una lengua rápida y mordaz, me dio la impresión que de no la dolían prendas “desnudarte” psicológicamente. Era la típica muchacha baqueteada por la vida y que ya a su edad tenía la carga de una hija a sus espaldas, y con una vida sentimental más que agitada (¡y yo me quejo de la mía!). Aquella breve conversación me dio una idea muy clara de lo que era, de sus pretensiones y… lo que no me imaginaría, es que le encantara jugar al gato y al ratón. Adivinen quien se llevó al final el gato al agua. No hace falta ser muy inteligente para que deduzcan que este servidor no fue, a si que si yo no fui… no hace falta dar más pistas para que sepan quien se lo montó.

A mi la suerte no me sonríe, ni sacando a los santos en rogativas, y eso que, desde hace mucho tiempo no entraba a una chavala. Una noche lo intenté y salí más trasquilado que un jurel en un banco de Morenas.

Entre inmersión e inmersión, con “globito” de por medio (es que durante el curso me costó cogerle el pulso al “jacket” y a la traquea para lograr flotabilidad) y con unos tintos de verano con tapita de rigor iban pasando los días, los partidos en la Play, que por mucho que me esforzara seguía perdiendo.

Terminará próximamente en el último capítulo.

August 22, 2005

Un madrileño en Carboneras (primera parte)

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¡Como odio el Autocar! En estos momentos si que me acuerdo de mi carné de conducir. El viaje fue pesado y largo como un día sin fin. 6 matadoras horas de viaje son muchas horas (tanto para ir, como para volver). Aunque al intención era libarme del estrés… el viaje me estresó lo bastante como para pensar que, venir hasta aquí era un error. Me equivocaría por completo, pero eso fue más adelante.

En fin. Carboneras es un simple pueblo típico andaluz de mar, donde el “boom” turístico, como en muchos casos, ha transformado la vida de todo pueblo con playa a tiro de piedra. Aun habiendo puerto de pescadores… no es que viera muchos barcos pesqueros. Más bien pocos. Y además de pocos, encima no tiene la delicadeza suficiente como para tratar de mantener limpio el puerto. No se me olvidará aquel sábado, cuando después de la inmersión –eso ya lo iré explicando- vimos como un barco de pesca se “deshacía” de una carga de pescado muerto tirándolo por toda la bahía del puerto. Si les coge el “padi”… seguro que no les deja un hueso sano. Solo verle la expresión de su cara con sus ojos hinchados en sangre… lo decía todo sin decir una palabra.

Tras mi llegada a Carboneras, y después de que Aquila Bacus, junto con La Sombra y Calandraka vinieran a recogerme… me instalé en el apartamento. Era bastante pequeño y con vistas indirectas al mar, pero estábamos en primera línea de playa. Con solo bajar, la playa quedaba a tiro de piedra. Fenomenal. Tras instalarnos un paseo por el pueblo para darle una vista de reconocimiento. Primera impresión: las chicas eran muchas y todas muy monas. Aquí, se cumple la regla de la belleza que tiene la mujer andaluza en general. Ni que decir tiene, que los niveles de testosterona de los 4 fantásticos, aumento a niveles de saturación elevada. Como compañero de cuarto me toco a La Sombra, y al menos, eso era en cierto modo una garantía de tranquilidad nocturna.

Eso si… no hubo día que no me dieran la tabarra con el tema de que me sacara el titulo de buceo, aprovechando de que tanto el hermano de Aquila Bacus y un colega suyo, venían el fin de semana para el curso. Lo cierto es que a mi eso de bucear me daba cierto palo, por los peligros y riesgos que en cierta medida entrañan. Claro que la cosa fue que poco a poco me fui metiendo y sin que me diera cuenta… Todo empezó cuando al día siguiente fui a acompañarles a su primera inmersión. La verdad es que en cierta forma, el viaje en la “Zodiac” semirígida se me convirtió en una verdadera atracción de feria, como si de una montaña rusa se tratase.

Debo reconocer que aquello fue algo increíble, y que auque ya había experimentado eso de viajar por el mar… nunca lo había hecho hasta ahora en una embarcación de ese tipo. Lo que más me impresionó fue el “buen rollito”. En fin. Así pasó aquel día, entre risas y partidas con la “PlayStation” con el “Pro Evolution Soocer”. Me di cuanta que, o aprendía rápido a jugar con el maldito mando de la “Play” o… no me comería un colín.

Pues eso… que el que no espabila, pierde. En estas circunstancias tuve que armarme de coraje y lidiar con tan temido mando que en ciertas ocasiones más de una decepción me han dado. Y lo peor es que Calandraka se el ocurrió el invento de hacer una liga. Ahí es nada. Y precisamente, Calandraka es el tipo perfecto para regocijarse en tus fallos y errores. ¡Y dicen que soy muy incisivo! Como se nota que no me conocen lo suficiente. Pero la sorpresa saltó cuando el partido inaugural de la liga de “Pro Evolution”… le gané el primer partido. Como dirían los entrenadores argentinos: “no hay equipo pequeño, pues en los partidos inaugurales siempre hay sorpresas” (jugué con Argentina, pues es un equipo muy guerrillero, y en función de mi forma de jugar… me iba como un guante).

Lo cierto es que en Carboneras no te aburres. Te aburres si quieres. Y bueno… lo mejor vino el día de mi bautizo como buceador. ¿Quién me dio el empujoncito? Pues un poco entre todos… Quería en el fondo saber si podía bucear y si valía para ello; y eso que dije en muchas ocasiones a Calandraka que nunca lo haría. Ahora descubro que soy deudor de mis palabras y que… el tiempo se ha encargado de demostrarme, que decir aquello era un error. Más porque si he practicado deportes acuáticos desde muy temprana edad… no debía haber ningún problema en cambiar de modalidad, pues llevo toda la vida luchando en superficie. En cierto modo, me picó la curiosidad de lo que había abajo en el mar, a unos cuantos metros de profundidad. Eso, si… descubrí de para ello debía empezar por cambiar ciertos “hábitos” (fumar, por ejemplo) pero poco a poco y sin que me diera cuenta… la transformación de “PainKiller” había comenzado. El devenir de los días, darían buena cuenta de ello.

Continuará.

August 5, 2005

¿Cerrado por Vacaciones?

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Eso me temo…

Descansar necesito.

Un rato al menos, porque el dolor ya me puede del todo. Parar un poco necesito, el estrés sino acabará conmigo.

El descanso necesito si quiero seguir vivo.

Volveré

Mi pulpito y yo, volveremos a Corregidor, a la trinchera, a la lucha sin cuartel contra la injusticia, a la denuncia con voz en grito. Volveré.

August 1, 2005

Farruquito

NO es una conspiración de jueces y policías encaminada a que la Justicia no sea igual para todos, pero a veces lo consiguen. Objetivamente. El caso Farruquito, El bailador, icono precoz del arte flamenco, conducía un coche de lujo al doble de la velocidad permitida, se saltó un semáforo en rojo, atropelló a un peatón, que luego murió, paró un momento y, asustado, se dio a la fuga. Tramó con otros imputados o, al menos, consintió que su hermano menor de edad se autoinculpara para eludir él la cárcel y, con ella, perder el medio de sustento de su familia, que es él mismo, su arte con los pies y las manos, con todo el cuerpo.

Hasta ahí los hechos. No opinables: los declara probados la sentencia de la juez que lo enjuició. Pero la verdad judicial se construye también con alegatos de los abogados y con procedimientos estrictamente legales. Por ejemplo, el que obliga a que las escuchas telefónicas sean autorizadas en todo momento por el juez y se atengan a los objetivos que el juez autorizó.

No se hizo así. La Policía –Brigada de Régimen Interno– investigaba un caso de tráfico de drogas en el que estaba implicado, presuntamente, un agente malagueño. Un pinchazo permitió conocer la existencia de la trama organizada para que Farruquito escapase de la acción de la Justicia responsabilizando a su hermano del accidente. Los investigadores debieron, entonces, remitir los indicios al juez instructor del caso Farruquito. No lo hicieron.

La Policía hizo mal su trabajo, sencillamente. Como si no hubiera averiguado nada de la operación de enmascaramiento protagonizada por el inculpado. La jurisprudencia es abundante al respecto. Es lo que se denomina el principio de “la fruta del árbol envenado”. Se considera una prueba nula, si ésta no se ha obtenido respetando las garantías constitucionales. Y si es un derecho, la privacidad de las comunicaciones salvo que un juez con las debidas precauciones y control, no decrete la escucha… se acabó lo que se daba. Por éste fiasco, digno de un principiante, ha llevado ahora a la exoneración de las cinco personas que estaban imputados junto a Farruquito y a éste, por añadidura, le ha supuesto penas mínimas: ocho meses de prisión por imprudencia grave y otros ocho meses por omisión del deber de socorro. No irá a la cárcel por falta de antecedentes.

La simulación de delito ha desaparecido por la inconstitucionalidad de las escuchas. Le aplican la atenuante de confesión, que sólo hizo seis meses después realmente (pero en el momento de su detención, puesto que las averiguaciones derivadas de las escuchas no sirven). También se beneficia de la atenuante de reparación del daño, gracias a que su defensa, solicitó por escrito, antes de la vista oral, que la fianza que tuvo que depositar para eludir la prisión provisional, se utilizara para indemnizar a la viuda y los padres de la víctima. Por lo cual, si ha habido confesión y reparación del daño por parte del reo, se atenúa la pena en dos grados. Así de sencillo. Vamos, su defensa ha estado ahí muy hábil, utilizando el “comodín de la fianza” en previsión de la futura condena, pues ya partía con el elemento de la ilegalidad de las escuchas, que sería considerada prueba nula

Así acaba esta historia desdichada, aunque la viuda recurrirá y la Fiscalía lo está pensando: dieciséis meses de prisión, cuatro años sin carné de conducir e indemnizaciones por importe de 110.000 euros. ¿Eso es lo que vale una vida humana, al parecer, para la Justicia española? Al menos con estos protagonistas, al menos con estas circunstancias procedimentales que hacen que la verdad de los hechos probados quede matizada –desvirtuada, pensarán algunos– antes de convertirse en sentencia.

Independientemente del caso Farruquito, ahora ha nacido una corriente de opinión creciente, entre juristas, víctimas y sectores sociales, planteando la necesidad de tipificar con más severidad los delitos relacionados con el tráfico. No es exagerado concluir que existe benignidad en su tratamiento. Resulta paradójico, que la Dirección General de Tráfico intensifique sus campañas de prevención con anuncios impactantes, venga amenazando como un matón de barrio bajero, que se va a liar la manta a la cabeza a quitar “carnes” y aumente las sanciones administrativas, mientras que el Código Penal castiga tan levemente imprudencias al volante, como si de una falta se tratase por una colisión simple, que se saldan con resultados de paraplejias y muerte. Igual que los legisladores habrán de acometer reformas en la Ley del Menor, que se ha demostrado muy atenta a la rehabilitación de los agresores y poco a los derechos de sus víctimas, la actual represión a los conductores negligentes, temerarios e invícivos, que ya ha sido aceptada por la sociedad, deberá tener también su reflejo en la consideración penal de sus acciones.

La idea de que Farruquito fuera juzgado con mayor rigor que un ciudadano normal, era lo único que esperaba. No porque fuera quien fuese, sino porque los hechos probados, son de la suficiente gravedad y alarma, como para pasarlos por alto. No menos que la sensación que deja esta sentencia: la Justicia no vela lo suficiente por las personas humildes.

Muchas veces lo digo: si es responsable, que lo condenen bien, pero, por supuesto, todo acusado tiene unos derechos. Ahora bien, la cuestión es si se sopesan adecuadamente, los hechos con las consecuencias, por parte de los jueces. Ahí esta el “kit” de todo el meollo.

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