Un madrileño en Carboneras (primera parte)
¡Como odio el Autocar! En estos momentos si que me acuerdo de mi carné de conducir. El viaje fue pesado y largo como un día sin fin. 6 matadoras horas de viaje son muchas horas (tanto para ir, como para volver). Aunque al intención era libarme del estrés… el viaje me estresó lo bastante como para pensar que, venir hasta aquí era un error. Me equivocaría por completo, pero eso fue más adelante.
En fin. Carboneras es un simple pueblo típico andaluz de mar, donde el “boom” turístico, como en muchos casos, ha transformado la vida de todo pueblo con playa a tiro de piedra. Aun habiendo puerto de pescadores… no es que viera muchos barcos pesqueros. Más bien pocos. Y además de pocos, encima no tiene la delicadeza suficiente como para tratar de mantener limpio el puerto. No se me olvidará aquel sábado, cuando después de la inmersión –eso ya lo iré explicando- vimos como un barco de pesca se “deshacía” de una carga de pescado muerto tirándolo por toda la bahía del puerto. Si les coge el “padi”… seguro que no les deja un hueso sano. Solo verle la expresión de su cara con sus ojos hinchados en sangre… lo decía todo sin decir una palabra.
Tras mi llegada a Carboneras, y después de que Aquila Bacus, junto con La Sombra y Calandraka vinieran a recogerme… me instalé en el apartamento. Era bastante pequeño y con vistas indirectas al mar, pero estábamos en primera línea de playa. Con solo bajar, la playa quedaba a tiro de piedra. Fenomenal. Tras instalarnos un paseo por el pueblo para darle una vista de reconocimiento. Primera impresión: las chicas eran muchas y todas muy monas. Aquí, se cumple la regla de la belleza que tiene la mujer andaluza en general. Ni que decir tiene, que los niveles de testosterona de los 4 fantásticos, aumento a niveles de saturación elevada. Como compañero de cuarto me toco a La Sombra, y al menos, eso era en cierto modo una garantía de tranquilidad nocturna.
Eso si… no hubo día que no me dieran la tabarra con el tema de que me sacara el titulo de buceo, aprovechando de que tanto el hermano de Aquila Bacus y un colega suyo, venían el fin de semana para el curso. Lo cierto es que a mi eso de bucear me daba cierto palo, por los peligros y riesgos que en cierta medida entrañan. Claro que la cosa fue que poco a poco me fui metiendo y sin que me diera cuenta… Todo empezó cuando al día siguiente fui a acompañarles a su primera inmersión. La verdad es que en cierta forma, el viaje en la “Zodiac” semirígida se me convirtió en una verdadera atracción de feria, como si de una montaña rusa se tratase.
Debo reconocer que aquello fue algo increíble, y que auque ya había experimentado eso de viajar por el mar… nunca lo había hecho hasta ahora en una embarcación de ese tipo. Lo que más me impresionó fue el “buen rollito”. En fin. Así pasó aquel día, entre risas y partidas con la “PlayStation” con el “Pro Evolution Soocer”. Me di cuanta que, o aprendía rápido a jugar con el maldito mando de la “Play” o… no me comería un colín.
Pues eso… que el que no espabila, pierde. En estas circunstancias tuve que armarme de coraje y lidiar con tan temido mando que en ciertas ocasiones más de una decepción me han dado. Y lo peor es que Calandraka se el ocurrió el invento de hacer una liga. Ahí es nada. Y precisamente, Calandraka es el tipo perfecto para regocijarse en tus fallos y errores. ¡Y dicen que soy muy incisivo! Como se nota que no me conocen lo suficiente. Pero la sorpresa saltó cuando el partido inaugural de la liga de “Pro Evolution”… le gané el primer partido. Como dirían los entrenadores argentinos: “no hay equipo pequeño, pues en los partidos inaugurales siempre hay sorpresas” (jugué con Argentina, pues es un equipo muy guerrillero, y en función de mi forma de jugar… me iba como un guante).
Lo cierto es que en Carboneras no te aburres. Te aburres si quieres. Y bueno… lo mejor vino el día de mi bautizo como buceador. ¿Quién me dio el empujoncito? Pues un poco entre todos… Quería en el fondo saber si podía bucear y si valía para ello; y eso que dije en muchas ocasiones a Calandraka que nunca lo haría. Ahora descubro que soy deudor de mis palabras y que… el tiempo se ha encargado de demostrarme, que decir aquello era un error. Más porque si he practicado deportes acuáticos desde muy temprana edad… no debía haber ningún problema en cambiar de modalidad, pues llevo toda la vida luchando en superficie. En cierto modo, me picó la curiosidad de lo que había abajo en el mar, a unos cuantos metros de profundidad. Eso, si… descubrí de para ello debía empezar por cambiar ciertos “hábitos” (fumar, por ejemplo) pero poco a poco y sin que me diera cuenta… la transformación de “PainKiller” había comenzado. El devenir de los días, darían buena cuenta de ello.
Continuará.


