“Polanco LA Law” (La Ley de Polanco)
Jesús Polanco acudió el miércoles pasado a las once de la mañana a la calle Francisco Gervás. Se presentaba, como miles de ciudadanos lo hacen a diario, ante los tribunales de Justicia. En este caso en la sede de los juzgados de familia de Madrid para asistir a una citación del juzgado donde se tramita, según me enteré después, la liquidación de gananciales de su segunda mujer. Hasta ahí, el presidente del grupo Prisa es un ciudadano más y tiene absoluto derecho a la vida privada, como no puede ser de otra manera. Hasta ahí… nada que reprochar.
Nada más poner el pie en el edificio, sin embargo, el jefe del imperio Prisiaico íberosocialista hizo saber a los funcionarios, así por la buenas, que él no era un ciudadano cualquiera y, por ser obra y gracia de la Divina Providencia, todo el mundo debe rendirle pleitesía, como si de repente, ese dia el Emperador Galactico lucasiano Palpatine, se acercara ese día a un Juzgado escoltado por su Guardia Roja. Al ser requerido por los vigilantes de seguridad para que pasara por el arco detector de metales, como todo bicho viviente, se negó en rotundo. Y en un tono, típico de aquellos que se sienten por encima del bien y del mal espetó la siguiente frase: “Soy Jesús Polanco, estos señores son mis escoltas y no paso por el arco”. Ante la insistencia del personal de seguridad de los juzgados, la bronca fue tal que les hizo saber que no tenían ni idea de con quien estaban hablando y que se pusieran como se pusieran no pasaría por el arco.
Él, Jesús del Gran Poder, capaz de sentar en el banquillo al magistrado que ose abrir una causa en su contra y de paso lo expulsa de la carrera judicial por prevaricación; él, que quita y pone banqueros, que interfiere en la elección del alto personal de la real casa, que defenestra a secretarios generales del Partido Socialista Obrero Español y que vuelca las elecciones generales con el juego sucio de sus altavoces mediáticos; él no atraviesa, como el común de los mortales, por el arco de seguridad, porque según él, es la Divina Providencia, el alfa y el omega; Dios uno y trino, como se decía en el Florido Pensil.
En efecto, tras el julepe y ante la escandalizada e incrédula mirada de los funcionarios, de mis compañeros abogados y demás presentes que presenciamos la escena, Dios se adentró en el inmueble sin atravesar el arco de seguridad. Y es que, el baluarte de la progresía mediática, el antemuro del felipismo y la corrupción, el preboste del 14-M, el caporal del Gobierno de Zetapé, evidencia cada día, hasta en los más nimios detalles, que todos los ciudadanos no somos iguales ante la ley. ¡Faltaría Plus!


