Horroris Causa Historiam
No puedo callar ante esto. No puedo. Los hechos son los que son y, sin prejuzgar nada los expongo.
Está documentado y está escrito, que en el año 1936, el Cónsul de Noruega, Félix Slayer, se entrevistó con un joven Consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid, nombrado por el Frente Popular, de pasado socialista y recién incorporado al PCE llamado Santiago Carrillo. Desde hacía tiempo, éste embajador había ofrecido su ayuda a muchas personas, que por aquella época eran perseguidas por el régimen republicano, por el hecho de ser religiosas; y a pesar de las promesas de Santiago Carrillo, de asegurar al embajador, de que la vida de aquellos detenidos no corría peligro. Aquel embajador salió con rostro desanimado y altamente preocupado, pues según éste informó a sus superiores, no creía en las palabras de Carrillo, ya que había llegado a sus oídos, la salida de sacas masivas de las prisiones de Madrid, ante la inminente llegada de los militares que apoyaban a Franco. Días después contemplaría horrorizado cual fue el destino de aquellos detenidos: los agentes del Consejero de Orden Público habían sacado en masa a los detenidos, llevados ante enormes fosas comunes y fusilados allí mismo en los alrededores de Torrejon y Paracuellos del Jarama, con independencia de edad y sexo.
La mayoría de las órdenes de fusilamiento fueron decisión de Santiago Carrillo, como así atestiguan otros documentos a los cuales he tenido acceso. Ni más ni menos que el archivo histórico de la Federación Rusa. Como Estado sucesor de la URSS, se convirtió en depositario de dichos archivos, al ser desclasificados en 1991, son de acceso público y pude comprobar la realidad de tal hecho, gracias a una amiga rusa que me trajo unos facsímiles muy interesantes. En una carta de Georgy Dimitrov, dirigida a Valery Vorosilov (Comisario de relaciones exteriores de la URSS, con Joseph Stalin), de 30 de julio de 1937, afirma textualmente que era Santiago Carrillo el responsable de tales fusilamientos, así como una nota de Andrey Stepanov, agente soviético del recién creado KGB destinado en España, se ratifica en el mismo sentido.
En esos días solo en Madrid, fueron fusiladas 400 personas, en tales “traslados” masivos. Solo lo supera con creces el exterminio judío en Alemania, o las desapariciones de Pinochet; pero el record absoluto lo ostenta la extinta Unión Soviética, con las matanzas de Tayin, ordenada por Stalin. Y por supuesto… no me olvido de Francisco Franco; tres cuartos de lo mismo. ATROCIDADES EN LA GUERRA CIVIL SE COMETIERON EN AMBOS BANDOS POR LO QUE NEGAR ÉSTO, ES NEGAR LA MAYOR, y en si mismos, son claramente crímenes de lesa humanidad CON TOTAL INDEPENDENCIA DEL BANDO FUSILANTE, y en la actualidad, el mejor exponente o prueba de ello, es lo sucedido en los Balcanes.
Para quienes no lo sepan o no lo vivieron, el éxito de La transición, se basó, sobre todo, en no remover las heridas del pasado, pues como crímenes y horrores en ambos bandos durante la guerra civil se cometieron, se pensó que lo mejor, era no pedir cuentas a nadie, a fin de la reconciliación fuera posible y, por ende, se quiso olvidar Paracuellos, y otros hechos similares, además de permitir a Santiago Carrillo entrar en la política por la puerta grande.
Aspecto éste que se logró con éxito rotundo, ya que ni los vencedores ni los vencidos se pidieron cuentas entre sí, tomando el ejemplo del abrazo de Vergara que Isabelinos y Carlistas se dieron mutuamente. Es por ello por lo que Santiago Carrillo, se convirtió en pieza clave de la transición, es por ello, por lo que no se le pidieron cuentas, es por ello, por lo que pese a la cantidad de símbolos que había del régimen de Franco, si bien muchos de ellos fueron retirados, algunas estatuas ecuestres no lo fueron. Ni siquiera Felipe González Marquez, se atrevió a retirarlas, pues como él mismo afirmó: “si en vida a Franco no se le descabalgó del poder; hacerlo una vez muerto no tiene sentido”.
Ahora bien; resulta que a la llegada de ZP y sus incultos, ha supuesto un desmoronamiento de la Transición, quizá acomplejados y con ganas de revancha porque tras ocho años de gobierno de quienes los “progres” de hoy llaman la “derechona” lograra poner a España en su justo sitio, quizá por su incapacidad para afrontar los problemas reales de todo tipo que tenemos, ha reabierto heridas, que se suponían cerradas, en un intento de echar una cortina de humo. Además del ya descabalgamiento con nocturnidad de Nuevos Ministerios, como regalo de cumpleaños a D. Santiago Carrillo, van y lo nombran Doctor Honoris Causa… ¿o no debía ser más correcto Doctor “Horrois Causa”? Puestos ya a revisar y a pedir cuentas a solo una de las partes de aquella horrible guerra, que supone un fracaso total de la convivencia, Santiago Carrillo no es merecedor alguno de tal distinción, y debiera ser juzgado, como lo es ahora Milosevich y otro pájaros acusados de semejantes tropelias genocidas, por el Tribunal Penal Internacional.
Lo que si me pone en relevancia, es que éste nombramiento, es la demostración de que la Universidad española se ha convertido en un “gulag” de burócratas desvergonzados que compensan su inanidad intelectual con la pública apología del delito, siempre que el delito sea de izquierdas. Y no sólo eso. Se pretende someter a la historia a una redacción que encaje dentro de los parámetros que la progresía tiene, reservándose el derecho a decidir lo que es verdad y lo que no. Pero los hechos son los que son… y eso no cabe discusión salvo que se quieran tapar interesadamente. Ya hace unos años nombraron Doctor Honoris Causa en otra universidad madrileña al dictador comunista alemán Eric Honecker, pocos meses antes de la caída del Muro y de la liquidación de su abyecto régimen. Los “Villapalos” de entonces, tan miserables como los de ahora, alegaron que así trataban de mejorar las relaciones con el Este. ¿Y qué alega el rector Gabilondo para honrar ahora a Carrillo por sus crímenes? ¿Que no ha pedido nunca perdón por ellos? ¿Que ha mentido en sus libros? ¿Que nunca ha contado la verdad, ni su papel en la eliminación de sus propios compañeros de partido cuando repicaban a masacre en el Kremlin? La respuesta es no.
Mal está remover las tumbas de hechos que supusieron dolor por ambos sitios; pero peor es que solo se remuevan las de un bando y no las del otro. Tal vez, acertado sea un consejo que da el Evangelio, que resume muy bien todo esto: “Dejad que los muertos, entierren a los muertos”. Si algo me enseñaron mis abuelos, fue que debíamos bien aprender lo que pasó en esa década oscura, porque el pueblo que olvida su historia, está condenado a repetirla hasta que quede la lección bien aprendida, como si de la tabla de multiplicar se tratara.
Pero lo que más me duele de ello, fue cuando en la radio escuché un momento la SER, y preguntaban a los ñiños quien era Francisco Franco. Las respuestas me causaron un cierto estupor… no por la respuesta en sí, sino porque eso demostraba que aquellos chavales no tenían idea de esa parte de la historia, que en mi época de estudiante se trataba de pasar de largo como si no existiera. Mal vamos. Si empezamos a olvidar partes de la historia solo por pura conveniencia, o por la imposición de un criterio progresista o izquierdista de la historia, estaremos condenados a cometer los herrores del pasado, pues el pueblo que olvida su historia, está condenado a repertirla hasta que se aprenda la lección.
(Fuentes para la elaboración: Historia de España en Fotografias y Documentos; Editorial Plaza y Janés. Archivo General de la Federación Rusa, Moscú. Quiero agradecer a mi buena amiga Vicky, el que me haya traído un fascimil de tales documentos de la Antigua URSS).


