HASTA LAS NARICES!!!

March 2, 2006

A por ese Cabrón

Mi tío, buen aficionado a la caza, me contó una extraña historia que, para bien o para mal, demuestra hasta qué punto, la imbecilidad de la ley antitabaco llega a resultar ser. Según me relató, se encontraba en la Estación del AV(E?) de Madrid, para coger el tren con destino a Córdoba. Antes de acceder al andén de donde se encuentra el tren, uno tiene que pasar, por un control de metales al igual que sucede en un aeropuerto. Por supuesto que al portar él su correspondiente escopeta de caza, durante el control tuvo que exhibirles la licencia de armas a los Vigilantes, así como mostrar que el arma, estaba totalmente desmontada, con sus guías, pistoletes, guardamanos… y todo debidamente registrado y con la numeración bien visible. Ni que decir tiene que mi tío, como buen cazador que es, tenía todo en perfecto estado de revista y con la licencia en vigor debidamente renovada.

Aparte de él, le acompañaban otros 3 cazadores más, muy amigos suyos; y por supuesto, los vigilantes de seguridad, procedieron del mismo modo a revisar hasta el último tornillo, gatillo y canana con la mismo celo.

Pero en esas, entró en escena un hombre ya muy mayor. Quizá no supiera eso de la ley antitabaco y sus prohibiciones, pero de forma inexplicable, de repente uno de los vigilantes vio a aquel pobre desgraciado y con voz en grito, alertando a sus compañeros espetó: ¡Hey… ese tío esta fumando!… ¡¡¡a por ese cabrón!!! Todos los vigilantes, incluidos los del aparato de metales, saltaron como lobos hambrientos a por aquel pobre anciano, como si de una presa se tratara, dejando a mi tío y a sus compañeros de viaje, compuestos y con las guías de la armas en la mano. Es como si de repente ya no importara que 4 escopetas de caza fueran subidas a bordo de un tren. Lo importante era meterle un soberano puro al anciano que quizá, por despiste, se había llevado un cigarrillo a la boca y había cometido el fatal error de encenderlo.

Los que fumamos, somos muy conscientes que ésta ley, es la ley del “embudo”. Ya de por si, si el Presidente del Gobierno se permite el lujo de echar un cigarrillo en el despacho presidencial que a los efectos es un lugar de trabajo, ¿por qué a aquel anciano no pude echarse un cigarrillo en un lugar apartado d ela estación? Posiblemente ya ha vivido una vida plena de experiencias. Es mas… si uno tiene que hacer un vuelo muy largo… háganse cargo de lo que puede suponer a los fumadores estar 12 horas aguantando mecha sin poder saborear el placer de poder echarnos un cigarrillo. Habrá quien lo pueda soportar pero… ¿y los que no pueden o les cuesta? Garantizo un amotinamiento en el avión.

¿No sería mucho pedir a la señora ministra, que nos ponga un cuartucho de mala muerte donde poder inyectarnos nuestra dosis letal de nicotina? No pido que nos ponga una sala lujosa; me conformo con el cuarto de la limpieza por muy cochambroso que sea, pero que al menos, podamos meternos nuestra dosis antes de emprender el viaje, aunque eso suponga que me miren como a un leproso o a un apestado drogadicto. Que yo sepa, a los drogadictos de las Baranquillas les ponen narcosalas, llamadas eufenísticamente “sala de venopunción”. ¿Y porque los fumadores no podemos tener una “smoking room”? ¿cual es la diferencia entre un adicto al caballo y un fumador de Malboro? Mucha. Pero hay un detalle que las asemeja y uno que las diferencia. Ambos productos son drogas, pero el tabaco ES DE VENTA LEGAL y el Estado RECAUDA IMPUESTOS POR ELLA.

Es preferible disponer de una narcosala para fumadores, que una salida en trompa de todos los vigilantes, a ensañarse con aquel hombre, pues creo que es más importante, que los que sube al tren está perfectamente controlado y se sabe qué es lo que se sube, que si un señor fuma o no en un recinto donde a la señora ministra, ha dicho que es pecado mortal hacerlo castigado con reprimenda y penitencia pecuniaria de “agarraté que vienen curvas”.

¿Qué es más importante? ¿Que viajemos seguros en el tren o que se fume en la estación? La respuesta la tengo clara

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