HASTA LAS NARICES!!!

April 26, 2006

Ni visto, ni oído

Hoy tocaba postular ante el mismísimo Tribunal Supremo. El culmen de la pirámide judicial de ex – paña; casi nada. Aquí las vistas orales se siguen celebrando con el boato y formalismo de antaño. En el edificio del Supremo, se respira un aire rancio, decimonónico, donde las paredes se visten de esa época romántica de estilo isabelino que en ya muy pocos edificios de Madrid quedan ya.

Pero, lo que tiene el Tribunal Supremo, es magistrados de renombre, togas de postín y algún que otro jerifalte de esos que, tras indulgencia buena o influencias de San Jerónimo, disfrutan de un puesto casi de “Marajá de Capultana”; pues al tratarse de “jueces” de ahí no se les saca ni con palanca.

Hoy tocaba la Sala de lo penal, y además la sala en pleno. Bacigalupo y compañía; posiblemente para hacerme alguna bacigalupada del tres al cuarto similar a las que ya en una ocasión denuncié hace tiempo aquí. Con magistrados que piensan que la prevaricación es profusa, difusa y confusa… muy poco puedo esperar que aumente la pena al sinvergüenza que, en este caso en concreto, casi era una regañina, más que una pena.

Las sesiones a primera hora de la mañana tiene dos riesgos: uno; que los magistrados en vez de toga, lleven sábana y almuada de sueño, y dos; que si tiene mucho tajo o no les apetezca trabajar demasiado, te dejen con cajas destempladas y no puedas ni decir chitón.

Lo malo del asunto, es que hoy hacia más calor de la cuenta, y a los magistrados les notaba con una cara de sueño igual de que ha estado de jarana y juerga nocturna y que en vez de ir a dormir, par ano faltar al respeto, haya decidido hacer un empalme directo. Comenzó a informar el secretario. De seguido la larga retahíla del Ministerio fiscal (comparsa de esta feria), después la defensa del acusado como apelante, y por último, fue mi turno, como parte y acusación particular que se opone al mismo. A medida que iba exponiendo mi intervención y desarrollando los argumentos, veía en sus caras que el sueño les iba venciendo. El presidente de la Sala, tenía el rostro perdido, parecía como si atento estuviera, pero en el fondo parecía más interesado por el apareamiento de las moscas gamusinas de la Sala que de mi alocución, con lo que ni escuchaba ni tomara nota de mis preparados y contundente argumentos, ya no solo de doctrina académica de su propio manual y de otros autores, sino además, de sus propias sentencias y que se las entregaba ya mascadas para que luego no tuviera que pararse a buscar o pensar en lo que en pasado dijo. Aquello me sentó muy mal. Era como si el trabajo de mi último fin de semana no valiera ni un carajo, ni los 50 euros del telepizza, ni nada. No hay cosa peor que a uno no le escuchen cuando tiene argumentos de peso y con peso.

Al ir acabando…¡¡¡estaban todos los magistrados dormidos!!! Asi que decidí amenizar la fiesta alzando un poco la voz para despertarles de semejante falta de respeto. Al poco de darse cuenta el Presidente de la Sala, de que se había quedado dormido, y gracias a que acabé mi exposición, cogió la campanilla y tuvimos este diálogo.

—¡Visto y oído para sentencia! (agitando la campanilla enérgicamente)
—Excelentísima señoría —dije yo— Ni visto, ni oído; con la venia de ésta excelentísima Sala.
No me extraña que luego se dicten sentencias como a veces dictan, que no tengan ni pies, ni cabeza. Ahora entiendo, porque la prevaricación para Barcigalupo es profusa, difusa y confusa.

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