HASTA LAS NARICES!!!

April 26, 2006

Ni visto, ni oído

Hoy tocaba postular ante el mismísimo Tribunal Supremo. El culmen de la pirámide judicial de ex – paña; casi nada. Aquí las vistas orales se siguen celebrando con el boato y formalismo de antaño. En el edificio del Supremo, se respira un aire rancio, decimonónico, donde las paredes se visten de esa época romántica de estilo isabelino que en ya muy pocos edificios de Madrid quedan ya.

Pero, lo que tiene el Tribunal Supremo, es magistrados de renombre, togas de postín y algún que otro jerifalte de esos que, tras indulgencia buena o influencias de San Jerónimo, disfrutan de un puesto casi de “Marajá de Capultana”; pues al tratarse de “jueces” de ahí no se les saca ni con palanca.

Hoy tocaba la Sala de lo penal, y además la sala en pleno. Bacigalupo y compañía; posiblemente para hacerme alguna bacigalupada del tres al cuarto similar a las que ya en una ocasión denuncié hace tiempo aquí. Con magistrados que piensan que la prevaricación es profusa, difusa y confusa… muy poco puedo esperar que aumente la pena al sinvergüenza que, en este caso en concreto, casi era una regañina, más que una pena.

Las sesiones a primera hora de la mañana tiene dos riesgos: uno; que los magistrados en vez de toga, lleven sábana y almuada de sueño, y dos; que si tiene mucho tajo o no les apetezca trabajar demasiado, te dejen con cajas destempladas y no puedas ni decir chitón.

Lo malo del asunto, es que hoy hacia más calor de la cuenta, y a los magistrados les notaba con una cara de sueño igual de que ha estado de jarana y juerga nocturna y que en vez de ir a dormir, par ano faltar al respeto, haya decidido hacer un empalme directo. Comenzó a informar el secretario. De seguido la larga retahíla del Ministerio fiscal (comparsa de esta feria), después la defensa del acusado como apelante, y por último, fue mi turno, como parte y acusación particular que se opone al mismo. A medida que iba exponiendo mi intervención y desarrollando los argumentos, veía en sus caras que el sueño les iba venciendo. El presidente de la Sala, tenía el rostro perdido, parecía como si atento estuviera, pero en el fondo parecía más interesado por el apareamiento de las moscas gamusinas de la Sala que de mi alocución, con lo que ni escuchaba ni tomara nota de mis preparados y contundente argumentos, ya no solo de doctrina académica de su propio manual y de otros autores, sino además, de sus propias sentencias y que se las entregaba ya mascadas para que luego no tuviera que pararse a buscar o pensar en lo que en pasado dijo. Aquello me sentó muy mal. Era como si el trabajo de mi último fin de semana no valiera ni un carajo, ni los 50 euros del telepizza, ni nada. No hay cosa peor que a uno no le escuchen cuando tiene argumentos de peso y con peso.

Al ir acabando…¡¡¡estaban todos los magistrados dormidos!!! Asi que decidí amenizar la fiesta alzando un poco la voz para despertarles de semejante falta de respeto. Al poco de darse cuenta el Presidente de la Sala, de que se había quedado dormido, y gracias a que acabé mi exposición, cogió la campanilla y tuvimos este diálogo.

—¡Visto y oído para sentencia! (agitando la campanilla enérgicamente)
—Excelentísima señoría —dije yo— Ni visto, ni oído; con la venia de ésta excelentísima Sala.
No me extraña que luego se dicten sentencias como a veces dictan, que no tengan ni pies, ni cabeza. Ahora entiendo, porque la prevaricación para Barcigalupo es profusa, difusa y confusa.

December 13, 2005

Navidad… asquerosa Navidad!

Cuando me entero por la prensa que el Papa Benedicto XVI (o mejor dicho RazinggerZ) lanza sus puños al compás del fuego de pecho contra las camapañas publicitarias de navidad, denunciando que dicha festividad católica se ha convertido en un “Burdel comercial” (Santo Padre dixit), en cierto modo le tengo que dar la razón, mal me pese.

En cierta forma hemos transformado la Navidad a modo de como en América el “día de acción de gracias” -thanksgiving day- donde nos reunimos con la Familia de verdad y con la Familia politicamente circunstancial que tienes que soportar aunque te caiga como el culo; sí, esa que solo pone la mota en ojo ajeno pero no en sus miserias, y uno, con cara de póker, debe de tragar sus reproches y reprimendas y calla sus miserias y verguenzas porque de hacerlo, uno se convierte en aquello que denuncias: su caciquismo cotilleril.

Lo que odio de la Navidad, es el lamentable espectáculo que la han convertido las televisiones y los centros comerciales. Por un lado, por las noches te invaden de fragancias y prefumes que te hace o mas guapo (aunque la mona se vista de seda…), o te sugiere convertite en ese Jack’s que una tia rubia despanpanante y con una delantera más potenete que la del barça, busca deseperadamente. A muchos yo se, que no les importaría convertirse. A mi me importa. Yo siempre he dicho que soy lo que soy… y mi esencia, mi alma no se vende por la visión de un cuerpo femenino, diseñado po run publicista que solo busca; los dineros de mi cartera. Y de los jueguetes .. ni hablemos

Por otro lado… los centros comerciales. ¡Como odio los villancicos! te los ponen por le hilo musical del establecimiento una y otra vez. Y tu deseperado, tratando de concentrarte en encontrar el modelito adecuado para el día de nochevieja, o ese regalo que quieres que a un ser querido le llene de cierta “ilusión”, el jodido “tambolirelo” y el pueril “arre borriquito arre” se te repiten en los pabellones auditivos, hasta reventarte la sesera. Total; que compras más de lo que pensabas solo por largarte de dicho local a toda pastilla, antes de que tengan que sacarte con una camisa de fureza. En cierta forma no deja de ser una forma de tortura psicológica desmoralizante para el consumidor.

Y por supuesto, ya está aquí el calvo de la lotería, la parejita de famosos cubiertos de burbujas, el chavalote que vuelve a casa por Navidad, las muñecas que caminan como zombis hacia el portal de Belén… Y toda una serie de anuncios sobre productos tan necesarios como los turrones, los perfumes, los bombones… En Navidad hay mucha publicidad de una calidad deleznable: los anunciantes saben que en estas fechas tan señaladas, por la paga extra, basta con disparar al corazón del telespectador. Los que comercian con la Navidad son conscientes de que las defensas emocionales del personal están bajo mínimos, y es ahí donde apuntan.

Y dicen que la Navidad es el mejor regalo… ¡pues será para algunos! Para mi es una tortura que cada año me martiriza más y más. No me extraña que a muchos Enero se les haga cuesta arriba. Pues este año, este señor que escribe no se apunta al chorreo, que ya está bien. Ya he soportado bastante.

No me extraña nada, que como mi buen admirado Mariano José de Larra, terminara muy extresado de la cena navideña: los niños chillando, la camisa manchada y de muy mal humor. Para reunirse con la familia, jugar con los críos y ser buena gente no hace falta que nos marquen ninguna fecha en el calendario, eso se puede y debería hacer todo el año, y sin golpe de tarjeta de crédito y, por supuesto, que la familia no transforme esa reunión en un plató de “Aqui hay Tomate”.

November 10, 2005

El honor de las niñas

Casi medio centenar de periodistas, entre ellos los más prestigiosos de diversos medios han sido condenados en un proceso civil por haber dado una noticia: ¿Se ha terminado el tiempo en el que los jueces daban prioridad al derecho a la información? ¿Estamos en un momento delicado para la libertad? ¿Hay una ley tan ambigua que su aplicación depende exclusivamente de la voluntad del juez al que le toque?

Los hechos se remontan al asalto de un sórdido individuo natural de Moldavia, llamado Pietro Arkham, a un chalet de Madrid donde vivía un compañero, con su esposa e hijas. Este criminal que dio muerte al dueño de la casa e hirió gravemente a la esposa, hizo un grave daño a las chicas, y la información, que era relevante y de interés público, fue difundida por la policía, aunque esta vez no ha sido demandada. Por venir de fuente con tanto crédito, se emitió en todas las cadenas televisivas, radios y periódicos de forma prácticamente idéntica. Lo emitido era prácticamente lo mismo y por eso las condenas, aunque varían según la intensidad del trato informativo, resultan parecidas.

Los jueces, en primera instancia, dictaminaron que lo publicado por los periodistas vulnera el honor de las hijas del asesinado, dado que se especificaba que fueron víctimas de la agresión del criminal ya juzgado y condenado y eran menores en el momento citado. A mi modo de ver, los periodistas no hicieron otra cosa que dar cuenta de un nuevo delito y un nuevo delincuente, alguien que entra en las casas, mata y ataca a todos los miembros, en especial a los más vulnerables. De acuerdo que hay que proteger a los menores, pero aquí quien no los respetó fue el criminal.

Los periodistas solo contaron los datos que les dio la fuerza policial. Es decir, cumplieron con su labor informativa; y se apresuraron en alertar de que un nuevo tipo de crimen había entrado en el horizonte delictivo. Algo que a la postre, en sí mismo, es la misisón de la prensa ¿no es así?

Entramos pues en una colisión grave entre el derecho a informar y el derecho al honor. En los países avanzados y democráticos, prima siempre el derecho a la información, porque eso hace a la sociedad más fuerte y más libre. En la nuestra, donde últimamente los periodistas tienen que someterse a una reiterada interpretación de las leyes en su contra, sufrimos al menos en Primera Instancia, y en algunas Audiencias Provinciales, rigores de una falta de amplitud de miras, y, ¿por qué no decirlo?, el fantasma mal disimulado de meter al periodista en vereda, puesto que parece que se lleva demasiado tiempo informando con demasiada manga ancha.

En resumen, la sentencia contra al menos 49 periodistas, entre los que se encuentran lo más granado del oficio, desde Olga Viza a Juan Pedro Valentín, pasando por María Teresa Campos, toca el fondo de la profesión: ¿Quién ha de decir lo que debe publicarse: los jueces o los periodistas? ¿Hasta dónde deben saber los ciudadanos?

Porque si los periodistas hubieran dado la noticia del asesinato del dueño del chalet sin mencionar los detalles de la agresión a su familia, habrían mutilado la información y faltado a la verdad. Por tanto, exigirles que silencien las circunstancias de un hecho va contra el ejercicio profesional puro y duro. Por otro lado, está el derecho al honor de todo el mundo, en especial el de los menores. Aunque repito que lo que sucedió es que se dio traslado a la opinión pública de un suceso, el ataque de un individuo al hogar de unos ciudadanos, y lo que allí hizo. Por tanto los periodistas obraron según su leal saber y entender: informaron a todos, simplemente transmitiendo lo que es habitual, datos proporcionados por otra institución. Fueron rigurosos y veraces: incluso unánimes. Por eso hay tantas condenas.

Es preciso, pues, que la profesión tome posiciones. ¿Qué ha hecho que tantos periodistas de prestigio hayan incurrido en una falta que no sólo es condenada por instancias judiciales sino que lleva acarreada una indemnización desproporcionada que no tiene en cuenta regla de medir alguna? Es decir, que a veces se dicta sin que se acredite el daño, simplemente a “ojo de buen cubero”. Tengo la convicción de que esos profesionales, entre los que además de las estrellas refulgentes hay un batallón de periodistas de a pie, creían estar obrando rectamente. No era su intención arremeter contra el honor, ni la intimidad, sino que dieron traslado a la noticia con la dimensión que tenía, lo que debe ser apreciado jurídicamente. El daño fue causado por el asesino, y más daño se causaría, y no solo a una familia, por desgracia, sino a toda la sociedad, sino se informa completa y correctamente de lo que pasa.

Tal y como están las cosas, para que no hubiera oportunidad para esta demanda, capitaneada por el abogado Gregorio Arroyo Hernansanz, otrora amigo de los periodistas y defensor de innumerables causas en el Grupo 16, habrían tenido que mutilar la información y dar solo una parte. Algo inaceptable.

Lo importante por tanto es dejar claro que
1.-La sentencia ha sido del Juzgado de Primera Instancia y luego de la Audiencia Provincial. Todavía no es firme. Cabe recurso ante el Tribunal Supremo, y ya está recurrida por las partes implicadas. Es muy posible, y absolutamente deseable, no solamente por los compañeros implicados, sino por toda la profesión, que los jueces del Supremo decidan con precisión entre la libertad de información y el derecho al honor. Y sobre todo, para saber si los periodistas son libres para comunicar noticias o deben amputarlas para evitar demandas millonarias.

2.-La batalla no ha hecho más que empezar porque son muchos lo que buscan la Bono-Loto judicial aprovechando que, por ahora, se fijan indemnizaciones sin que se acrediten los daños, además, por cantidades exorbitantes, que no guardan proporción y que en este asunto, ha colgado la espada de Damocles sobre la cabeza de más de cuarenta periodistas de a pie – descontadas las estrellas–, con un cobro que les arruinará si se consolida. Es muy curioso ver en la distancia aquel joven Gregorio Arroyo que peleaba del lado de los periodistas, aprovechando ahora los resquicios de la ley para ponerles en tal aprieto. Tal vez todos nos hemos hecho mayores, pero algunos más que otros.

Por cierto, debemos subrayar que en la actualidad el concepto judicial del honor es impreciso, la intromisión ilegítima no tiene una definición clara, y en ese terreno resbaladizo, caben muchas cosas, como la amenaza de gran mordaza mediática, inducción a la autocensura y angustia colectiva de trabajadores de la información, en una sociedad cada vez más necesitada de noticias completas y veraces. Hasta ahora los jueces del Tribunal Supremo, en España, se han decantado por la defensa de la libertad de expresión e información y no hay causa para creer que no lo seguirán haciendo. Habrá que esperar, sabiendo que cabría recurso ante el Tribunal Constitucional, e incluso ante el de Derechos Humanos de Estrasburgo, porque la profesión periodística, y la sociedad entera, en definitiva la propietaria del derecho a la información, se juega su identidad.

De los periodistas condenados, algunos correosos y batalladores, los hay que se las vieron con el Tribunal de Orden Público, (el TOP de la dictadura) y que no vacilaron en informar, pese a leyes mordaza e intentos de recorte de libertades, que siempre hubo. Por eso seguirán en la brecha.

Lo más curioso es que la profesión en su conjunto parece ajena a los peligros que se ciernen sobre el derecho a informar. Y no es el más pequeño la proliferación de sentencias judiciales adversas. Algunas, disparatadas. Para dar un ejemplo solamente, recordemos que hace unos meses se emitieron unas imágenes del ex ministro Álvarez Cascos y su nueva compañera sentimental. Habían sido tomadas en lugares públicos y mostraban actividades de un alto cargo y persona relevante, de indudable interés mediático, lo que en principio carecía de ribetes dañinos. El entonces ministro no lo consideró así y demandó a los distintos programas de televisión que emitieron esas imágenes, por lo que hubo procedimiento en juzgados diferentes. Hasta tal punto es confusa la legislación, la ambigüedad de los conceptos de honor e intromisión ilegítima, que dos jueces se pronunciaron sobre este mismo hecho, en la misma semana, de forma radicalmente contraria. Son jueces de Primera Instancia de Madrid, se supone que con la misma formación e información, pero evidentemente con posturas muy diferentes. Pues bien: uno de ellos condenó, sin paliativos, imponiendo, como nos tienen acostumbrados, una cantidad millonaria; y el otro, sin embargo, a pesar de que le tocó juzgar el programa con más aristas, absolvió libremente, en beneficio de la libertad de expresión. Atendiendo a las razones de sus sentencias, parece increíble que juzgaran los mismos hechos y con la misma ley. Para que vean que caben toda clase de interpretaciones: simplemente porque los conceptos no son claros. Y una ley poco clara, es una ley injusta.

Pues todavía en esta causa hubo una tercera opción, la de un juez que condenó a un tercer programa por la emisión de esas mismas imágenes del ex ministro, pero solo a una cantidad simbólica: menos de cien euros, aunque Cascos demandaba 400.000 de reparación. Vean como siguen las interpretaciones en una variedad multicolor: puede afirmarse que según el juez que toque, así es la sentencia.

Es decir, que ahora, y como no son firmes las condenas contra “los 49”, afortunadamente, serán los tribunales superiores, con jueces reposados y sesudos, quienes –así lo esperamos– restablezcan el equilibrio entre honor e información y se supone que crearán una jurisprudencia unitaria que impida el paso a la injusticia.

Pero pasen y vean como no se puede difundir impunemente que “los periodistas tal y cual” han sido “condenados por intromisión ilegitima en el honor” diciendo que la sentencia es firme, puesto que podría ser revocada, anulada y seguramente cambiada de sentido. Con lo cual todos los periodistas aludidos, a los que se les presenta como reos de no se sabe qué delito, podrían poner demanda por intromisión en el honor, puesto que la información deficiente puede dar de ellos una idea de que son inveraces, ligeros de cascos, o incompetentes, y eso va en menoscabo del honor. Así de fácil es resbalar en conceptos tan ambiguos.

October 24, 2005

cuando se va desnudo por la vida

Hay dias que cuando uno se levanta de la cama, no sabe si ponerse a llorar por la que te va caer encima o por el contrario, es mejor salir disfrazado de cualquier cosa, pero con un chaleco antibalas, por si acaso.

El caso es que hoy me tocaba Plaza de Castilla, como casi todos los días del año. Pero cuando te tocan los jodios Juicios de Faltas, uno a veces no sabe mientras espero a que su Señoría me de el turno de palabra, si meter la cabeza bajo tierra para capear el temporal, o tratar de sacar el sudoku adelante, aunque en tales casos, trato de resolver el jodio test de la autoescula mientras, denunciante y denunciado, se tiran los trastos a la cabeza, cual combate de verduleras.

Pero hoy no me dio ni tiempo a eso. Ya antes del juicio, el denunciante decía que retiraba la denuncia… y todo por su susodicho prim,ogénito de según me transmitia el interfecto, sufría mucho por aquella disputa tan tonta y sin palangón. Pues eso lo tenía fácil… bastaba con decir que renunciaba a la acción porque no ratificaba la denuncia en sala ni reclamaba nada al denunciado, como así le indique; si es que era su deseo. Y así, nos encomendábamos a sus dávidas que querer o no querer, y como en las cosas del querer, a veces no se pueden controlar, yo me preparaba par alo peor. Seguro que hoy habría jarana.

Así que entre cigarro y cigarro en la Sala de Togas, y mientras contemplaba desde las ventanas la énesimna disputa de “montoyas” y “tarantos”, con correcalles incluido al más puro estilo Benny Hill, con “centaruos” entre los corredeidiles, esperaba mi turno de entrada para contemplar el espectáculo que después; ni el mas pintado se podía imaginar.

No me equivocaba cuando el denunciante al preguntarla el Ministerio Fiscal si quería reclamar, dijo “si” ¿o era un “sí pero no”? ¿Pero bueno? ¡¡Abrase visto!! ¿¿Y toda esta panoplia que me montó el interfecto para después decir lo contrario?? Pues si. Así que me guardé los test, recogí el Sudoku (lo dejé para mejor ocasión) y tiré “pa alante”. Si queria guerra… ¡¡Fuego a discrección!!

Y claro está… que cuando se va desnudo por la vida, pasa lo que suele pasar: que te las llevas todas en un carrillo y no sabes por donde llueven los golpes. Por supuesto… no tuve piedad para dicho infeliz. Lo que me pone de mala leche, es que encima tu te llevas dos, porque como defiendes al supuesto malo de la película… eres el sinverguenza, manipulador… sobran los epítietos ¿no?

Vamos… que el malo eres tu. Solo porque haces tu trabajo. Y encima que le doy consejo gratis… encima me llaman “mala persona” ¡ Y no hay derecho!

Pues a este infelíz denunciante, le ha pasado al aqui presente lo mismo, pero en otra faceta.

Veran. Soy un escritor frustrado. Frustrado cómico, dramaturgo, novelista… diganló como quieran. Cuando uno se presenta a un concurso literario o de cualquier cosa en donde escribir sea algo primordial… todas las bases llevan una letra pequeña no visisble o incluso invisible, en donde uno, cuando manda sus ortiginales ya no es dueño de ellos. El “concurso” por así decirlo, se hace dueño de ellos y los rechazados nunca más sabes donde fueron a parar. Es probable que en cajón de uno de esos “escritores” que con un poco de renombre, coge tu historia, relato, drama o lo que hayas escrito y… firma. Cervantes ya montó en cólera por ello porque Avellaneda, se quiso montar en el “dolar” a costa suya. “Avellanedas” de esos, hay muchos por el mundo y desgraciadamente, como tales concursos… “se resenvan el derecho a…” pues uno ya sabe a lo que se expone, porque uno, ya renuncia de entrada, salvo que ganes, a que el resto de los escritos presentados se queden muertos en los cajones de algún “pseudoloquesea” que vive a costa de que otros le hagan el trabajo creativo (¿o no es verdad, A.R., que te cazaron en el renuncio, con negro de por medio?). Así que, como lo sabes, con el tiempo descubres que una idea tuya guardada en una vieja caja de disquetes polvorienta, al ponerla como algo que salio de tus entrañas en una noche de borrachera supina de imaginación, con el añadido de llevar un cierto puntillo de DYC, plasmas en una servilleta de bar o cuando llegas a casa, la plantas en tu procesador de textos.

Claro que como no tienes quien te la publique (por aquel entonces) la guardas en una caja de disquetes, como algo que pariste en un momento en que las bombillas se te encendieron, por nostalgia o por la razón que sea… lo guardas. Un día ves un concurso y de repente se te ocurre la idea de mandarlo… pero a partir de ahí, nunca mas se supo. Hasta que un día… aquella idea que tuviste aparece toda ella, por arte de virli-virloque, firmada por otro (que no soy yo) y que coincide con aquello que pariste. ¿Y ahora a quien reclamas? ¿Al maestro armero? ¿Pero como puedes reclamar si no as pasado por la caja recaudaora del Tedyy Bautista? Y para quienes no lo sepan… incribir una creación -de lo que sea- en la SGAE no es gratis.

Como pueden ver… desnudos vamos por la vida, en más de una y en más de dos y nunca, sabes con lo que te vas a encontrar a la vuelta de la esquina. Aunque para ciertas cosas, si vas desnudo, desnudo te quedas; y olvídate de chillar que si chillas, te llaman mala persona.

October 10, 2005

“Polanco LA Law” (La Ley de Polanco)

Jesus de Polanco

Jesús Polanco acudió el miércoles pasado a las once de la mañana a la calle Francisco Gervás. Se presentaba, como miles de ciudadanos lo hacen a diario, ante los tribunales de Justicia. En este caso en la sede de los juzgados de familia de Madrid para asistir a una citación del juzgado donde se tramita, según me enteré después, la liquidación de gananciales de su segunda mujer. Hasta ahí, el presidente del grupo Prisa es un ciudadano más y tiene absoluto derecho a la vida privada, como no puede ser de otra manera. Hasta ahí… nada que reprochar.

Nada más poner el pie en el edificio, sin embargo, el jefe del imperio Prisiaico íberosocialista hizo saber a los funcionarios, así por la buenas, que él no era un ciudadano cualquiera y, por ser obra y gracia de la Divina Providencia, todo el mundo debe rendirle pleitesía, como si de repente, ese dia el Emperador Galactico lucasiano Palpatine, se acercara ese día a un Juzgado escoltado por su Guardia Roja. Al ser requerido por los vigilantes de seguridad para que pasara por el arco detector de metales, como todo bicho viviente, se negó en rotundo. Y en un tono, típico de aquellos que se sienten por encima del bien y del mal espetó la siguiente frase: “Soy Jesús Polanco, estos señores son mis escoltas y no paso por el arco”. Ante la insistencia del personal de seguridad de los juzgados, la bronca fue tal que les hizo saber que no tenían ni idea de con quien estaban hablando y que se pusieran como se pusieran no pasaría por el arco.

Él, Jesús del Gran Poder, capaz de sentar en el banquillo al magistrado que ose abrir una causa en su contra y de paso lo expulsa de la carrera judicial por prevaricación; él, que quita y pone banqueros, que interfiere en la elección del alto personal de la real casa, que defenestra a secretarios generales del Partido Socialista Obrero Español y que vuelca las elecciones generales con el juego sucio de sus altavoces mediáticos; él no atraviesa, como el común de los mortales, por el arco de seguridad, porque según él, es la Divina Providencia, el alfa y el omega; Dios uno y trino, como se decía en el Florido Pensil.

En efecto, tras el julepe y ante la escandalizada e incrédula mirada de los funcionarios, de mis compañeros abogados y demás presentes que presenciamos la escena, Dios se adentró en el inmueble sin atravesar el arco de seguridad. Y es que, el baluarte de la progresía mediática, el antemuro del felipismo y la corrupción, el preboste del 14-M, el caporal del Gobierno de Zetapé, evidencia cada día, hasta en los más nimios detalles, que todos los ciudadanos no somos iguales ante la ley. ¡Faltaría Plus!

August 1, 2005

Farruquito

NO es una conspiración de jueces y policías encaminada a que la Justicia no sea igual para todos, pero a veces lo consiguen. Objetivamente. El caso Farruquito, El bailador, icono precoz del arte flamenco, conducía un coche de lujo al doble de la velocidad permitida, se saltó un semáforo en rojo, atropelló a un peatón, que luego murió, paró un momento y, asustado, se dio a la fuga. Tramó con otros imputados o, al menos, consintió que su hermano menor de edad se autoinculpara para eludir él la cárcel y, con ella, perder el medio de sustento de su familia, que es él mismo, su arte con los pies y las manos, con todo el cuerpo.

Hasta ahí los hechos. No opinables: los declara probados la sentencia de la juez que lo enjuició. Pero la verdad judicial se construye también con alegatos de los abogados y con procedimientos estrictamente legales. Por ejemplo, el que obliga a que las escuchas telefónicas sean autorizadas en todo momento por el juez y se atengan a los objetivos que el juez autorizó.

No se hizo así. La Policía –Brigada de Régimen Interno– investigaba un caso de tráfico de drogas en el que estaba implicado, presuntamente, un agente malagueño. Un pinchazo permitió conocer la existencia de la trama organizada para que Farruquito escapase de la acción de la Justicia responsabilizando a su hermano del accidente. Los investigadores debieron, entonces, remitir los indicios al juez instructor del caso Farruquito. No lo hicieron.

La Policía hizo mal su trabajo, sencillamente. Como si no hubiera averiguado nada de la operación de enmascaramiento protagonizada por el inculpado. La jurisprudencia es abundante al respecto. Es lo que se denomina el principio de “la fruta del árbol envenado”. Se considera una prueba nula, si ésta no se ha obtenido respetando las garantías constitucionales. Y si es un derecho, la privacidad de las comunicaciones salvo que un juez con las debidas precauciones y control, no decrete la escucha… se acabó lo que se daba. Por éste fiasco, digno de un principiante, ha llevado ahora a la exoneración de las cinco personas que estaban imputados junto a Farruquito y a éste, por añadidura, le ha supuesto penas mínimas: ocho meses de prisión por imprudencia grave y otros ocho meses por omisión del deber de socorro. No irá a la cárcel por falta de antecedentes.

La simulación de delito ha desaparecido por la inconstitucionalidad de las escuchas. Le aplican la atenuante de confesión, que sólo hizo seis meses después realmente (pero en el momento de su detención, puesto que las averiguaciones derivadas de las escuchas no sirven). También se beneficia de la atenuante de reparación del daño, gracias a que su defensa, solicitó por escrito, antes de la vista oral, que la fianza que tuvo que depositar para eludir la prisión provisional, se utilizara para indemnizar a la viuda y los padres de la víctima. Por lo cual, si ha habido confesión y reparación del daño por parte del reo, se atenúa la pena en dos grados. Así de sencillo. Vamos, su defensa ha estado ahí muy hábil, utilizando el “comodín de la fianza” en previsión de la futura condena, pues ya partía con el elemento de la ilegalidad de las escuchas, que sería considerada prueba nula

Así acaba esta historia desdichada, aunque la viuda recurrirá y la Fiscalía lo está pensando: dieciséis meses de prisión, cuatro años sin carné de conducir e indemnizaciones por importe de 110.000 euros. ¿Eso es lo que vale una vida humana, al parecer, para la Justicia española? Al menos con estos protagonistas, al menos con estas circunstancias procedimentales que hacen que la verdad de los hechos probados quede matizada –desvirtuada, pensarán algunos– antes de convertirse en sentencia.

Independientemente del caso Farruquito, ahora ha nacido una corriente de opinión creciente, entre juristas, víctimas y sectores sociales, planteando la necesidad de tipificar con más severidad los delitos relacionados con el tráfico. No es exagerado concluir que existe benignidad en su tratamiento. Resulta paradójico, que la Dirección General de Tráfico intensifique sus campañas de prevención con anuncios impactantes, venga amenazando como un matón de barrio bajero, que se va a liar la manta a la cabeza a quitar “carnes” y aumente las sanciones administrativas, mientras que el Código Penal castiga tan levemente imprudencias al volante, como si de una falta se tratase por una colisión simple, que se saldan con resultados de paraplejias y muerte. Igual que los legisladores habrán de acometer reformas en la Ley del Menor, que se ha demostrado muy atenta a la rehabilitación de los agresores y poco a los derechos de sus víctimas, la actual represión a los conductores negligentes, temerarios e invícivos, que ya ha sido aceptada por la sociedad, deberá tener también su reflejo en la consideración penal de sus acciones.

La idea de que Farruquito fuera juzgado con mayor rigor que un ciudadano normal, era lo único que esperaba. No porque fuera quien fuese, sino porque los hechos probados, son de la suficiente gravedad y alarma, como para pasarlos por alto. No menos que la sensación que deja esta sentencia: la Justicia no vela lo suficiente por las personas humildes.

Muchas veces lo digo: si es responsable, que lo condenen bien, pero, por supuesto, todo acusado tiene unos derechos. Ahora bien, la cuestión es si se sopesan adecuadamente, los hechos con las consecuencias, por parte de los jueces. Ahí esta el “kit” de todo el meollo.

June 21, 2005

La cena de los idiotas

Un “cóctel molotov” no es un arma. Sí amigos… así es; así los tres jueces de la Audiencia Nacional que juzgaban a los integrantes del grupo “Jarrai”, han decidio algo que a uno ya, nada más leerla, se te quita el hipo, se te corta la respiración y uno se pregunta cómo es posible que tres jueces hayan dictado una sentencia de semejante calibre.

Para quienes no sepan qué es la Audiencia Nacional, os lo explico en poca palabras: es un Órgano Jurisdiccional de carácter especial, con jurisdicción territorial en todo el Estado, que conocen de delitos especiales, y en especial sobre terrorismo y narcotráfico; no obstante tambien conocen de delitos, por ejemplo, contra la salud pública cuando haya más de una comunidad Autónoma impicada o que sus efectos preniciosos (del delito) alcanza a más de una Comunidad Autónoma, como asi sucedió en el famoso caso dle Aceite de Colza.

Pues partiendo de esta pequeña lección de derecho, la última sentencia de dicho órgano, que juzgaban a los integrantes de tan inefable grupete de amiguetes, cuya dedicación “kultural” era quemar autobuses, destrozar ciudades, lanzar cócteles molotov y amenazar a cualquiera que no les bailara el agua… resulta que no son terroristas, “porque no usaban armas” aunque si son una asociación ilicita. Casi na. La diferencia es de órdago, pues de condenar por terrorismo a asociación ilegal, es entre meterles un puro y solo darles un cachete con tirón suave de oreja a modo de “y no volvais a hacerlo mas! .. eh?”

Tengo clara una cosa con esta sentencia. Esta sentencia seguro que es producto de una cena entre los tres magistrados, en la que se han apostado quién hace la sentecia más idiota y absurda, como en la película de Francis Veber “Le dîner de Cons”. De momento ya lo han conseguido. Han dictado la sentencia más abasurda, idiota y descerebrada que nunca se haya podido ver en la historia del disparate jurídico.

Parece ser, que a los señores magistrados Ollero, Pedraz y Guevara, no se les ha ocurrido otra cosa que, establecer como premisa, que un cóctel molotov, no es un arma. Vamos a ver, un cóctel molotov, no es en nombre de una bebida isotónica, y según la receta original de Sergey Molotov, se compone de un recipiente de vidrio, gasolina y un trapo que lo cierra, que al empaparlo, encender el trapo saliente y lanzarlo, arde todo lo que toca. SI ESTO NO ES UN ARMA… O YO ES QUE SOY TONTO, O ES QUE DE ARMAS NO ENTIENDO. En la Segunda Guerra Mundial los americanos lo utilizaban contra los tanques alemanes. Cualquier persona con un poco de sentido común… sabe que ese artefacto incendiario es UN ARMA. Lo demás, es hacernos comulgar con ruedas de molino. Y yo pregunto… si el cóctel molotov no es un arma… entonces un bate de beisbol, o una barra de hierro tampoco es un arma, pues uno es para batear con fuerza la pelota en un partido de beisbol y lo otro para hacer palanca con el fin de levantar objetos… pero nunca para hacer daño. A ver si estos niños disparaban con sus tiradores, bolitas de papel. Desgraciadamente , eso los señores magistrados, lo han omitido, y más o menos es con lo que se divierten en la calle.

Para más sorma… en las noticias veo al enclectico ZP, cuando el Sr. Alcaraz, Presidente de la AVT, le preguntaba sobre el tema, hubo este lacónico diálogo:

ZP: - “In-creible”
Sr. Alcarz: - Pero Sr, Presidente… ¿increible bueno… o increible malo?
ZP: - “In-creible”

Saquen ustedes sus conlcusiones. ¡Vamos, que no se lo cree ni él mismo!

Con cosas como ésta, no me extraña que mi amiga chocoadicta, me comente a raiz de un post, que más que una democracia esto se empieza a parecer otra cosa y; me temo que flatline, tendrá que aplicarme una terapia de choque.

June 16, 2005

La Actitud Vociferante

Preocupado estoy. Preocupado estoy y hasta asustado. Necesito despotricar un poco pues motivos no me faltan, pues la última del Fiscal General del Estado, no se si tomármelo a “cuchufleta”, o si por el contrario, es mejor hacer la maleta y salir corriendo. La “doctrina Pumpido” sobre la detención preventiva de cualquier persona en “actitud vociferante” es el marco jurídico de referencia de este ejército de comisarios progres que, si nos dejamos, va a convertir los escombros de España en un homenaje perpetuo al Che Guevara y al Doctor Negrín.

Y hablando de vociferadores… los Bardem en general y la matriarca del clan en particular, han hecho en estos últimos años aportaciones inestimables a la deriva totalitaria de la izquierda española. Si la doctrina Pumpido se aplicara de forma universal, Javier sería detenido por vociferar y mantener actitudes golpistas ante el Parlamento y su mamá sería enchironada por manifestarse en la misma actitud y con los mismos propósitos tras el sospechoso suicidio de los terroristas islámicos de Leganés.

Pues a estos vociferantes… no se les ocurre mejor cosa que al primero, recurir el auto de sobreseimiento libre y archivo para que continue la causa contra dos personas que ejercían su derecho de libre expresión y manifestación, como así ha resultado ser y, cuyo único delito es profesar una ideología diferente a la del Sr. Conde Punpido y compañía; y a la segunda, Pilar Barden, no se le a ocurrido mejor cosa que, instigar en el Senado la negación a todos los españoles, del derecho a la copia privada de cualquier CD o DVD, pues considera que “no es un derecho de los consumidores, sino una limitación para los creadores”. O sea, por esta regla de tres, todos los CD’s y DVD’s de mi catálogo personal, comprados uno a uno, no son míos, y por lo tanto, lo que he pagado por ellos es como si no lo hubiera pagado (o lo que es lo mismo, como si los hubiera “robado”) y si yo le dejo una copia de cualquiera de mis CD o DVD a mi amigo “Calandraka” o a “La Sombra”, porque me parece interesante, me arriesgo a que me dentengan por “mantero”; y si encima protesto porque s eme niega un derecho reconocido en la Ley… me detienen con más motivos, por tener una “actitud vociferante”.

June 14, 2005

Con buen abogado bien vale un “no culpable”

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Otra vez más… se demuestra una máxima en el “Gran Sistema Judicial Americamo” ja, ja, ja. Como siempre, si tienes posibilidades de pagarte un buen abogado en EE.UU. y, no lo digo por el Sr. Jakson o “Jako” para sus fans. Me refiero tanto a él, como a otros famosos (caso de O. J. Simpson) que gracias a esos abogados que cobra a millón de dólares por caso, consiguen verdaderas “filigranas” para eludir la carcel. Aunque no siempre es así: Véase caso de Winonna Rider, que reconoció su culpavilidad del robo en grandes almacenes por padecer de cleptomanía. La condena por supuesto… fue solo una “caricia” gracias a sus hábiles abogados.

Eso si. Lo que no voy a realizar es un juicio paralelo a Michael Jackson ni a ninguno de los mencionados, ni mucho menos voy a cuestionar las decisiones de los jueces y jurados intevinientes en el tema. Tampoco voy a culpabilizarlos de algo porque no soy quien para juzgarlos. Para bien o para mal, el fallo es el que es, y nada más hay que decir. Tal y como su propio sistema sostiene, ha sido juzgado por sus “iguales” y sus iguales deciden en conciencia en virtud de las pruebas. Pero a lo que vamos… Esto demuestra una vez más que la justicia de los ricos, no es la justicia de los pobres y las varas de medir varían significativamente.

Solo tengo un pregunta en el aire: si en una ocasión anterior, Michael Jackson pago 23 millones de dólares por evitar un pleito por idénticos cargos… ¿por qué ahora resulta que con la misma acusación es “no culpable”? Aunque al respuesta pueda encontrase en la valoración de las pruebas, hay algo que me resulta chocante; pero no por ello, pongo en duda el fallo. Si uno es inocente desde el principio, como lo ha ido sosteniendo Mr. Jackson hasta la saciedad, uno va a pleito, defiende su inocencia a capa y espada y luego se piden responsabilidades por denuncia falsa. Claro está, que este plateamiento lo formulo desde una perspectiva judicial completamente diferente a la americana; donde allí se te presume culpable, salvo que demuestres tu inocencia.

Aqui ocurre tres cuartos de lo mismo. Aunque hay diferencias muy significativas entre aqui y allí, solo por el hecho de que cualquier abogado del Turno de oficio, puede solicitar cuantas pruebas sean precisas, incluso periciales independientes sin coste alguno… cosa que alli no ocurre. Basta recordar el caso del español condenado a muerte, en donde en su primer juicio, fue asistido por letrado de oficio con el resultado de una condena a la pena capital y, en el juicio de revisión, asistido por uno privado, se dio la vuelta a la tortilla. Tambien es verdad, que la valoración de las pruebas en el primer juicio dieron mucho que desear y que uno de los testigos cometió “perjurio” (aqui lo llamamos delito de falso testimonio). El resultado, es que cuando nos encontramos ante juicios en EE.UU. que pueden acarrear como condena, la pena capital, ahí radica, el verdadero poder del billete verde americano: si te puedes pagar un buen abogado… seguro que te saca del embrollo. Es así de simple.

Para sus fans es una victoria. A mi me deja un mar de dudas. No obstante si el “no culpable” ha sido gracias al prestigioso buffete que le representaba, quienes han salido beneficiado, han sido el buffete, pero en ningún caso Michael Jackson tiene motivos para sonrreir. ¿Motivo? A Michael Jackson ya lo han condenado todos los medios de comunicación antes de éste juicio desde ya hace tiempo. Y esa condena, es más despiada que los años de prisión que le hubieran tocado cumplir de haber sido declarado culpable.

June 13, 2005

Una pregunta

Para los especialistas en Word Press: ¿porque ahora en mi artículo de hoy no se pueden meter comentarios si el artículo existe? Me gustaría saber que debo hacer… porque esto me esta quitando el sueño

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